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miércoles, 23 de junio de 2010

A falta de tinta


Antes de subir a una combi es necesario saber su ruta, siendo el numero o letra que la acompañe el nombre bajo el cual la reconoceremos y distinguiremos de las demás. En la mayoría de los casos son pequeñas calcomanias las que se pegan en la ventana posterior para que las diferenciemos, sin embargo, hace un par de días descubrí que esa no es la única manera de lograrlo. Estaba en el asiento delantero disfrutando mi viaje, hasta que el auto se detuvo para subir a un pasajero, y aprovechando la frenada, el cobrador cogió una esponja remojada en shampoo para de manera sorprendente dibujar una B en la ventana delantera, que justamente daba a la Javier Prado. Solo pude atinar a reírme y, una vez mas, sentirme orgulloso de la creatividad e ingeniosidad del peruano para solucionar los pequeños percances de la vida.

lunes, 14 de junio de 2010

Seré tu hincha? Baja nomás pelao!

Ya había pasado la media noche y yo me regresaba de una reunión en uno de estos vehículos a los que tanto cariño guardo y que supongo en muestra de reciprocidad guardan cariño con mi billetera y me evitan gastos innecesarios en lo referente al transporte. Inusual para un sábado por la noche pero el micro estaba lleno. Como siempre, al tanto de cualquier tipo de personaje cuyo aspecto físico no aparente el de un buen chico de la mala vida, sabía a quién tenía a mi alrededor. A mi izquierda una chica de lentes con mochila (no había riesgo de por medio), y a mi derecha un pata de 30 años digamos, pelado y con una camiseta deportiva de la U. Al rato de haberme subido, el cobrador empezó a sonar las monedas, lo cual automáticamente generó una metida de mano al bolsillo colectiva que a cambio culmina con la entrega de un boleto a cada uno de los que nos beneficiamos del servicio. Sin embargo, lo anecdótico de esta vez, llega justamente ahora. Ya había pagado mi sol de pasaje (que era lo justo por el lugar al que iba a ir con respecto a donde me había subido), cuando el cobrador le dice "pasaje, pasaje" al pata que estaba parado a mi derecha, este que se había subido casi conmigo por plaza san miguel, que le dice al cobrador con un sol en la mano "baja jockey", a lo que el cobrador responde: "¿1 sol al jockey? no seas chistoso, seré tu hincha! baja nomás pelao!... baja baja, acá nomás baja". El pata sin replicarle, solo atinó a bajarse del carro, compartiendo una sola explicación ante el hecho presenciado: sin pensarlo dos veces, ese cobrador era aliancista.

domingo, 6 de junio de 2010

Gorreando micro


¿Qué pasa cuando estás misio, no tienes ningún centavo en el bolsillo, y NO quieres caminar hasta tu destino? Fácil: gorreas micro. Nunca lo he intentado (siempre he querido, pero al final arrugo). Una amiga -alias: Mari- me confesó haberlo logrado; yo, en cambio, gasto termino gastando la suela de mis zapatillas.
¿Cómo? Estaba en Benavides, por el Óvalo Higuereta y necesitaba llegar a la altura de la Av. República de Panamá. Se subió a nuestra amiga, la "S", y con mucha frescura se sentó mirando hacia la ventana y escuchando música. Cuando la combi asesina volteó como parte de su recorrido, le preguntó exaltada si es que no iba hasta Larco y, al cobrador responderle que no, se bajó alegando haber estado "distraída".
Cuando llegó a su casa y le contó a su mamá su hazaña, ella le respondió: "Lo que hiciste fue una CRIOLLADA".

domingo, 2 de mayo de 2010

Una mano en el pecho, otra en el bolsillo.

Probablemente para un extranjero que por primera vez presencia este tipo de acto en el cual la narración de situaciones, que sólo pasando por debajo de una escalera diez veces al día durante aproximadamente cinco años quizás puedan darse, será suficiente para ofrecer bondadosamente ese tan ansiado ferro, esa tan querida china o la tan famosa luca. Sin embargo, para nosotros este tipo de "espectáculo" es parte de nuestro día a día. El ver subir al micro y escuchar a alguien narrando su vida a una velocidad similar a la de los comerciales que cuentan con bajo presupuesto para salir en la radio, o a un niño de tan solo 5 o 6 años de edad cantando el último hit de los Hermanos Yaipen, ya no es motivo de asombro. Cuando de historias se trata, unas parecen sacadas de guiones de Hollywood, otras simplemente buscan hacernos saber sobre la clásica salida de prisión y el apoyo esperado de nuestra parte para no volver a las viejas andanzas. Es así que puedo dar fe sobre este oficio, y prueba de ello es que la mayoría de quienes lean este post, seguramente en más de una ocasión han puesto una mano en el pecho y otra en el bolsillo, para proceder a apoyar con un sencillo.

domingo, 18 de abril de 2010

Tres, cinco, uno. ¡Correteo!


Intentar descifrar el significado o al menos buscar una explicación lógica a esa secuencia de números que solemos escuchar por nuestras calles limeñas, me llevó a dar con un personaje que seguramente todos conocemos: el datero. Es gracioso, la palabra - formalmente - ni siquiera existe, y prueba de ello es esa línea roja que automáticamente la subrayó al momento de terminar de escribirla, haciéndome saber que estoy inventando un término para un empleo que hace a estos personajes dueños de la gran parte de los paraderos de la ciudad. El datero, encargado de, con una manera bastante peculiar, informar a los choferes de estos vehículos que nos movilizan por todo Lima, es además casi o más respetado que el policía de tránsito. Pasan desde reggaetoneros frustrados hasta muchachos amanerados con aspiraciones de estilista; desde regordetes sentados en banquitos de plástico de tres patas hasta ancianos excesivamente flacos y con lentes de poto de botella. Si eres chofer, te dicen si vas planchado o en correteo, te suben pasajeros que ni siquiera planeaban hacerlo, y por si fuera poco, sirven de guías turísticos para todos esos que paran perdidos en los momentos que más se les requiere. Definitivamente son una pieza fundamental para esta ciudad que, a falta de trabajo, obliga a crear nuevos empleos a base de ese ingenio que nos caracteriza.