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domingo, 18 de abril de 2010

Tres, cinco, uno. ¡Correteo!


Intentar descifrar el significado o al menos buscar una explicación lógica a esa secuencia de números que solemos escuchar por nuestras calles limeñas, me llevó a dar con un personaje que seguramente todos conocemos: el datero. Es gracioso, la palabra - formalmente - ni siquiera existe, y prueba de ello es esa línea roja que automáticamente la subrayó al momento de terminar de escribirla, haciéndome saber que estoy inventando un término para un empleo que hace a estos personajes dueños de la gran parte de los paraderos de la ciudad. El datero, encargado de, con una manera bastante peculiar, informar a los choferes de estos vehículos que nos movilizan por todo Lima, es además casi o más respetado que el policía de tránsito. Pasan desde reggaetoneros frustrados hasta muchachos amanerados con aspiraciones de estilista; desde regordetes sentados en banquitos de plástico de tres patas hasta ancianos excesivamente flacos y con lentes de poto de botella. Si eres chofer, te dicen si vas planchado o en correteo, te suben pasajeros que ni siquiera planeaban hacerlo, y por si fuera poco, sirven de guías turísticos para todos esos que paran perdidos en los momentos que más se les requiere. Definitivamente son una pieza fundamental para esta ciudad que, a falta de trabajo, obliga a crear nuevos empleos a base de ese ingenio que nos caracteriza.